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A este ejercicio democrático le hace falta una actualización al estilo 3.0.

Con cifras que rondan más del 50% de abstención, junto con las prácticas más pintorescas de corrupción y compra de voto, más el  impacto medio ambiental de  toneladas de  material electoral que no se usa. Es hora de re pesar la institución del voto.

Pensemos por un momento, si la banca que nunca pierde, usa mecanismos de transacción y verificación electrónica de altísima seguridad, porque el  Estado no puede pensar en que el voto electrónico sea seguro y confiable.

Acaso es tan rentable el negocio de administrar las instituciones públicas por unos jugosos años, que la idea de  acabar con las ya conocidas prácticas de corrupción electoral ni siquiera se menciona, la posibilidad que existan otras opciones para deshacer este círculo vicioso en el que estamos inmersos.

La corrupción que empieza con el tamal, es la base de esa línea de pobreza que vende su voto. Somos testigos de elecciones de hambre y la necesidad prima sobre la simplicidad de entender que quien salga electo regirá los destinos del erario público, y lo “Lo público es sagrado.”

Sera demasiado soñar, en la posibilidad de elecciones Transparentes, confiables, donde  el  ciudadano pueda ejercer su derecho universal al sufragio,  desde donde quiera que este, porque valga la aclaración, la movilidad de las personas actualmente es otro factor que limita el derecho a votar y engrosa las cifras de abstención.

Qué bonito sería un voto al estilo 3.0 “enfocada al bien común, a la integración universal de las personas y ser herramienta para el desarrollo sostenible”.

Oriana Oviedo Ojeda

¡Por cierto gracias por los likes!

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