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Alguna vez se ha preguntado el valor que usted tiene en su rol como ciudadano, alguna vez se ha detenido a pensar que cada pequeña acción suma, que todos estamos interconectados, que si un día por ejemplo, usted tira una botella plástica a la calle mañana esa botella va a quedar atascada en una alcantarilla y ya todos sabemos lo que es una calle inundada….

Cada uno de nosotros somos parte esencial de esa sumatoria que llamamos sociedad, y nuestro accionar diario creámoslo o no, ¡si cuenta!, si tiene un impacto y si tiene una repercusión en el entorno.

En qué momento perdimos la civicness (cultura ciudadana) y lo público, nuestro espacio inmediato donde se desarrolla el día a día de nuestras vidas dejo de interesarnos y paso a ser un escenario tétrico.

Desde la década de los 80’s, académicos, teóricos y estudiosos de la sociedad, han definido que: la cooperación entre los ciudadanos, el abierto interés al bien común, las redes de personas trabajando por causas concretas, las relaciones de confianza, la acción colectiva, el proceso reciproco de dar-recibir y confiar, los valores y comportamientos compartidos, el valor de las conexiones sociales se conoce como: “capital social”.

Entonces, ¿en qué momento perdimos el sentido de lo colectivo, y nos volvimos una sociedad individualista, donde solo prima el interés del “Yo”?

Ya es hora de salir de La apatía ciudadana, y empezar a tomar conciencia de los retos que cada día supone vivir en una ciudad y que para afrontar estos desafíos necesitamos volver a la acción conjunta, a las relaciones de confianza a percibirnos como los gestores del cambio como el verdadero capital de una sociedad.

Mi propósito es simple, un llamado a la reflexión, un detenerse un momento y pensar que efectivamente ¡si se puede!: tener sentido de pertenencia por la ciudad, parque, calle, lugar donde habitamos; que efectivamente desde la casa se puede separa basuras, reciclar papel, botellas de plástico, latas de aluminio, pilas; que en todo momento puedo ahorrar agua, que soy consciente de desconectar los aparatos electrónicos y cargadores. Que el uso de transporte público, caminar y usar la bicicleta disminuye el consumo de combustibles y los gases efecto invernadero; que las tapas plásticas las puedo recolectar para ayudar a los niños con cáncer; que puedo sembrar árboles, tener huertas caseras, proteger la fauna y la flora, luchar por los adultos mayores, los niños, ……. ¡Las acciones son infinitas!

y ahora, con todo el avance tecnológico y la facilidad de conectarnos con redes de personas que alrededor del mundo están trabajando por las mismas causas que nos movilizan, hace que cada acciones tengan un referente en distintas partes del mundo y que esta sumatoria de prácticas colectiva tenga un impacto global.

Realmente creo y quiero seguir creyendo que el cambio que queremos ver, nace a partir de cada uno de nosotros, que simplemente debemos recuperar nuestro sentido ciudadano, el valor de lo público, pensar en colectivo y tomar conciencia que cada acción cuenta.

Gracias.

Oriana Oviedo Ojeda

¡Por cierto gracias por los likes!

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