Cuando hablamos de Cultura en las organizaciones, es usual que esta venga acompañada de frases mágicas como: “estos son los valores fundamentales de la empresa” o “nuestra mística es lo que nos distingue de los demás.” Y aunque hoy en día tenemos una gran cantidad de evidencias sobre la importancia de una Cultura Organizacional positiva y sus efectos en la productividad, la adaptabilidad y la innovación, este tema sigue siendo uno considerado como “blando” o “suave”.

Y es entendible, ya que, al poner este tema sobre la mesa, se tiende a quedar en un sinfín de intangibles, difíciles, o imposibles de medir, lo que complica la toma de decisiones.

Incluso, la frase “La cultura es el activo intangible más importante de una organización.” Se ha posicionado en el imaginario del mundo organizacional, llevándonos a la pregunta: ¿Cómo podemos construir y medir un intangible?

Empecemos por desmitificar esta frase y entender que:  La cultura no es un intangible, al contrario, es algo tan claro y visible como el flujo económico de una empresa. Todo lo que tenemos que hacer, es entender qué es lo que necesitamos observar, obtener los datos relevantes y analizarlos de una manera funcional.

Estamos en la era de la información y el conocimiento, los datos bien utilizados son los mejores aliados a la hora de tomar decisiones.

Hoy gracias a los avances del procesamiento, la lectura e interpretación de los datos podemos analizar el flujo de comunicación de las personas, por medio de un procesador de lenguaje natural, lo que nos muestra la verdadera estructura organizacional de una empresa, sus cuellos de botella, lideres naturales, niveles de innovación, apropiación tecnológica entre otros.

Aumentando la sofisticación, podemos llevar a cabo entrevistas automatizadas con los gerentes y empleados, utilizando sistemas de reconocimiento de emociones por gestos y tonalidades de voz, dándonos un verdadero mapa emocional de cómo se sienten las personas que trabajan en la empresa.

Hace tan solo 30 años, nos teníamos que conformar con la toma de datos cualitativos considerados “suaves”, muchas veces engañosos y sensibles a malas interpretaciones. Pero hoy, tenemos algoritmos avanzados, Big Data, Inteligencia Artificial y una capacidad computacional exponencial, que nos permite, con un poco de creatividad, medir de manera constante el comportamiento humano, las relaciones sociales, las emociones, y, por supuesto, algo que toda la vida hemos considerado un intangible: la Cultura Organizacional, el mayor activo, ahora tangible, de una empresa.

¿Qué harías en tu empresa si pudieras medir su cultura?

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