fbpx

El tiempo es algo extraño e inusual, cada persona parece tener su propia interpretación subjetiva de lo que es, y aún más, tienen su propia manera de vivirlo y experimentarlo. Desde la percepción lineal y enfocada en el futuro de los alemanes y suizos, hasta el concepto filosófico y enfocado al pasado de los indios, el mundo globalizado nos obliga a enfrentar diferentes imaginarios sobre el tiempo en una sola mesa de trabajo.

Cuando entramos a la realidad organizacional, los diferentes abordajes del tiempo entran en conflicto constante y generan roces, problemas y, sobre todo, altos costos que la mayor parte del tiempo somos incapaces de calcular. El problema no es que haya una percepción mejor que la otra, al fin de cuentas países enteros viven primordialmente aferrados a un solo enfoque de tiempo (como cuando todos sabemos que, en nuestro país, la “hora local” son de 30 a 60 minutos después de la “hora oficial”), los conflictos nacen cuando la organización no tiene un modelo definido, y los comportamientos deseados no se encuentran alineados a la estructura de la empresa (políticas e indicadores).

Por ejemplo, hay empresas donde las políticas indican claramente que las personas deben de presentarse a trabajar 5 minutos antes de la hora de entrada. Sin embargo, el comportamiento que exhiben es de tolerar hasta 30 minutos de atraso. O, por otro lado, cuando hablamos de la importancia de la puntualidad, pero nuestros indicadores de desempeño solo miden la productividad dejando de lado completamente si las personas entregan sus responsabilidades a tiempo.

Nuevamente, no estoy intentando defender una perspectiva de tiempo como mejor que otra, pero sí es importante que, como organizaciones, e inclusive como individuos, definamos cómo percibimos nosotros este constructo llamado tiempo.

Cuando no tenemos claridad de cómo manejarlo, es donde el costo del tiempo se vuelve relevante, por un lado, gastamos el tiempo y recursos de muchos de nuestros colaboradores haciéndoles esperar antes de poder iniciar sus tareas o perdiendo valiosos minutos mientras el resto de los compañeros llegan a una reunión. Por otro lado, desperdiciamos la capacidad de producción de nuestros empleados que son capaces de terminar un complejo reporte entre las 2:00am y 4:00am, exigiéndoles que cumplan con un horario de trabajo establecido en vez de trabajar por objetivos clave.

Este costo difícil de calcular, pero cuando comparamos los datos de productividad de empresas que alinean la perspectiva personal de sus colaboradores con el tipo de trabajo que les exigimos, su capacidad de desempeño aumenta entre un 50% y un 70%. Esto es como los descuentos de los supermercados, donde por comprar un producto nos regalan un porcentaje de más por el mismo precio.

Así que si buscamos cual es el verdadero costo del tiempo, piensen en un salario promedio de la organización, divídanlo entre 3 y multiplíquenlo por la cantidad total de colaboradores. Por ejemplo, si el salario promedio es de $750 mensuales, y tengo 25 colaboradores, esta sería la fórmula:

750/3 X 25 = 6,250

$6,250 mensuales, es lo que mi organización estaría gastando de más por no tener un concepto claro del tiempo general, y específico para el trabajo de las personas estamos en ella.

 

¿Cómo solucionamos este problema?

Es más simple de lo que parece, lo que no quiere decir que sea fácil.

Primero que nada, debo de entender mi contexto. ¿Cuál es la percepción general del tiempo en este país? Al fin y al cabo, no es lo mismo si me encuentro en Japón, donde el objetivo es evitar que los demás pierdan su tiempo, o en Brazil, dónde la hora de una cita determinada es más una sugerencia que un mandato.

Segundo, comprender cuál es la perspectiva del tiempo que más le conviene a mi organización, según sus objetivos y metas. Si tengo un restaurante de comida rápida, el tiempo debe ser preciso, lineal y puntual en todo momento, por otro lado, en un centro de innovación y desarrollo, buscamos tener tiempos flexibles donde los horarios son irrelevantes y la producción de ideas, en cualquier momento, se lo más importante.

Tercero, alinear nuestra estructura organizacional a lo que necesitamos. Volviendo a los ejemplos anteriores, en el restaurante necesitamos políticas de puntualidad, donde definan la hora de entrada, cuanto tiempo antes esperamos a los colaboradores, expliquemos la importancia de cada uno dentro del sistema y por qué deben estar en sus puestos sin falta en los horarios establecidos. De la misma forma debemos de crear indicadores que midan la cantidad de llegadas puntuales (siempre medir en positivo es, redundantemente, más positivo) y la cantidad de horarios específicos cumplidos por todo el equipo (también es importante los indicadores grupales si lo que deseamos es crear colaboración). En el caso del centro de innovación y desarrollo, eliminamos todas las políticas relacionadas con el tiempo y nos enfocamos en reglas relacionadas con el cómo se deben presentar las ideas, como comunicar los objetivos y como transparentar los proyectos de cada uno de los colaboradores. En el caso de los indicadores, contamos la cantidad de ideas producidas y los hitos alcanzados en el avance de cada uno de los proyectos activos (previamente definidos).

Como les comentaba, el tema es sencillo, pero a la vez difícil. Son muchos factores los que entran a jugar en el tema del costo del tiempo, y cómo podemos aprovecharlo de mejores maneras. Lo importante, en resumen, es que debemos de entender lo que necesitamos, y buscar justamente a esas personas, las que van a engranar bien con nuestra misma percepción del tiempo y por lo tanto, funcionar bien dentro de nuestra organización.

 

Gracias por seguirnos en redes sociales:

Facebook: Cultura 52
Twitter: @Cultura52
YouTube: Cultura 52

Atte: El de los Mandados
Jack Raifer


0 commentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WhatsApp chat