Quemando Dinero Diagnóstico Organizacional

Diagnóstico Organizacional: La Mejor Manera de Quemar Dinero

Hogueras, hornos, antorchas, fósforos, encendedores, nos hemos inventado gran cantidad de maneras que podemos utilizar para quemar papel, pero cuando se trata de papel moneda, esas coloridas impresiones que utilizamos para comprar y vender, hemos creado una forma particular y eficiente de destruirlo, y pensamos que es vital para la vida de cualquier organización: El Diagnóstico Organizacional.

Pensemos primero en qué entendemos por diagnóstico. Es algo que hacemos con mucha frecuencia, cuando vamos al médico, este nos revisa, nos manda pruebas y exámenes que luego interpreta para diagnosticar si estamos sanos o enfermos, y en caso de que estemos malitos, nos envía algún tratamiento para que nuevamente estemos bien. Igualmente lo hacemos con nuestros vehículos, lo llevamos al mecánico, el cual utiliza su conocimiento y equipo para revisar si el vehículo esta operando en condiciones óptimas y corregir aquello que está fallando.

Esto de diagnosticar nuestra salud y los vehículos es sumamente eficiente, así que ¿por qué me atrevo a decir que está mal para una organización? Por una razón muy sencilla, en lo que se refiere al cuerpo humano y a la mecánica, tenemos muy claro qué es lo que significa “saludable” o “mecánicamente óptimo”. Podemos diagnosticar eficientemente ya que sabemos cómo debería estar funcionando si todo estuviera bien. Además, ya tenemos cantidades enormes de información sobre las posibles causas, y remedios, de nuestros problemas de salud y de los fallos mecánicos.

A diferencia de esto, las organizaciones son cambiantes, se transforman y cada una tiene parámetros diferentes a las demás. Claro, podemos decir que, si una empresa no gana suficiente dinero, es un problema, pero aparte de los resultados esperados, la mayoría de las organizaciones no tienen una radiografía de cómo serían si funcionaran de manera óptima.

Por ejemplo, con las personas, podemos predecir problemas del corazón o del flujo sanguíneo dependiendo de los síntomas. Esto porque tenemos muy claro qué es una persona sana y tenemos un ideal detallado. El diagnóstico entonces es una diferencia entre la realidad actual, y el ideal de la misma.

Ahora veamos una empresa donde repentinamente se ha dado una baja en las ventas proyectadas. ¿Qué falló? Puede ser que el departamento de ventas no este haciendo bien su trabajo, o tal vez el plan de mercadeo no tuvo los efectos deseados, quizá el producto no es de la calidad esperada o no es tan deseado por los consumidores como se esperaba, puede ser que tengamos problemas serios con el liderazgo, o simplemente que la situación económica de nuestro mercado está cambiando. Un síntoma en una organización, difícilmente nos permite hacer un diagnóstico ya que no tenemos un ideal real de la salud de la misma, y todo lo que tenemos son proyecciones, en el mejor de los casos especulativas.

Y sin embargo, seguimos haciendo diagnósticos constantes, los cuales al final de cuentas tienen poco o ningún impacto en lo que sucede puesto que no tenemos una imagen clara de qué es lo correcto, que es lo real, lo verdadero, cuál es la organización ideal y cómo debería funcionar cada uno de sus detalles.

No somos un cuerpo humano, tampoco somos una máquina. Somos una organización, un conglomerado de personas que intenta ser parte de algo en el mejor de los casos, o subsistir económicamente en el peor de ellos.

¿Entonces mejor dejamos de diagnosticar? Sí, definitivamente, tenemos que dejar de diagnosticar.

Una organización jamás va a tener un ideal perfecto, no hay manera de crear objetivamente un futuro cierto. Las empresas cambian constantemente, deben poder transformarse, y por ende, es imposible, y absurdo, el crear un supuesto ideal basado en deseos y proyecciones especulativas.

Mejor dediquemos esos gastos a construir una Cultura Organizacional sólida, que nos permita adaptarnos al mercado, cambiar con velocidad, innovar, cumplir el propósito real de nuestra empresa.

La decisión está en sus manos, aquí no se trata de buenos o malos, es simplemente ser consecuente con la organización que somos, la que queremos ser, los ideales que nos rigen o las metas que nos imponen.

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Atte: El de los Mandados
Jack Raifer

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