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La corrupción ha logrado la integración que muchos organismos internacionales soñarían, ha logrado la réplica de “Buenas Prácticas” a lo largo de toda Latinoamérica alcanzando niveles de Colaboración, y participación anhelados por muchos.

Es hora de hablar de medidas efectivas y acciones concretas que se pueden tomar frente al flagelo de la corrupción, ya institucionalizado e incrustado en todas las prácticas y dinámicas de la Sociedad Latinoamericana.

Frente a esta realidad, y frente a la necesidad de empezar por nosotros mismos como individuos inmersos en sociedades viciadas por sus prácticas clientelistas, debemos impulsar programas que puedan replicarse en toda la región.

1- Se necesita la apertura de canales supra nacionales donde puedan denunciarse casos de corrupción. Ya que en muchos países los tentáculos de este flagelo han viciado los Poderes del Estado (Ejecutivo-Legislativo- Judicial), dejando al ciudadano sin canales efectivos y/o seguros de denuncias.

2- Incentivar canales de participación directa donde el ciudadano pueda decidir cómo quiere enfrentar la Corrupción, como por ejemplo la Consulta Anticorrupción propuesta por la Senadora Claudia López en Colombia, donde de manera clara se le consulta a la gente siete puntos[1] que podemos enumerar, de manera genérica y aplicable a todo Latinoamérica de la siguiente forma:

(1) Los salarios de los funcionarios del Estado: El trabajar para el estado debería ser una forma de servir. Los salarios deben ser justos, pero no deben de inducir a una vida de lujos, dónde el funcionario público encuentra en su puesto una manera de lucrar. También deben de limitarse o eliminarse los beneficios abusivos, pensiones de lujo y otras formas de corrupción institucionalizada que benefician desproporcionadamente al funcionario estatal, en especial a aquellos de alto nivel.

(2) Todo acto de corrupción debe acarrear penas de cárcel. El aprovecharse de lo público debe ser uno de los peores crímenes existentes ya que afecta mortalmente a cualquier sociedad. Igualmente, cualquier persona condenada por corrupción, debe quedar inhabilitada de forma vitalicia para el ejercicio público, ya sea por contratación o por elección, y debe estar impedida para licitar en proyectos de ninguna índole con el Estado. Tolerancia cero a la corrupción.

(3) Todas las contrataciones y licitaciones del Estado deben efectuarse de forma pública y transparente, con toda la información sobre la misma, disponible y accesible para todos los ciudadanos.

(4) Desarrollar presupuestos públicos con participación ciudadana. Ya se ha comprobado que la participación reduce la corrupción y permite que los fondos públicos lleguen más fácilmente a dónde se necesitan.

(5) Todos los empleados públicos de alto nivel deben rendir cuentas detalladas. Por ejemplo, todos los congresistas deben presentar el  récord de sus votaciones, proyectos presentados, asistencia, ausencias y toda la información específica que sea de interés público.

(6) Publicación de todos los bienes e ingresos de las personas en altos puestos estatales, deben ser de conocimiento público y justificados. Igualmente, la de sus familiares hasta segundo grado de consanguineidad. Cualquier ingreso o bien que aparezca sin justificación clara, debe ser razón de pérdida de estos bienes e investigación por corrupción.

(7) Para los puestos de elección popular, definir un límite de periodos (3 máximo) en los que se puede cumplir en total. Por ejemplo, una persona podría cumplir esos 3 periodos siendo alcalde una vez, congresista una segunda ocasión y gobernador la tercera. Evitando así que las mismas personas sean las que se turnen el poder una y otra vez sin que realmente haya un beneficio notable de ello para las poblaciones en general.

Esperando que en el arduo camino que nos espera enfrentando la corrupción que muchos justifican y aplauden, encontremos más voces de apoyo, que busquen pasar del discurso a la acción. Agradeciendo la oportunidad a la Organizaciones de los Estados Americanos – OEA por abrir espacios de alianzas y coaliciones entre los actores de la sociedad civil de la región.

«A veces pensamos que la corrupción debería ser tipificada como Crimen de Lesa Humanidad, por el impacto masivo que tiene en mantener a billones de personas sumidas en el hambre y la pobreza.»

Un abrazo fraterno

Oriana Oviedo Ojeda – Jack Raifer Baruch
www.cultura52.com

[1] Vence al Corrupto: http://www.vencealcorrupto.com/

 


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